miércoles, 26 de diciembre de 2012

El "buen chico"





Esta entrada lleva tiempo en los borradores de este blog moribundo. Releyéndola ahora, me parece bastante adecuada para expresar aquellos sentimientos que residieron en mi interior durante unos meses hace no mucho tiempo.

- Eres un buen chico, por eso no quiero hacerte daño.

Era ya la enésima vez que escuchaba esa frase. Un odio irracional se apoderó de mí, salté de la silla y la tiré contra la pared. Lo mismo hice con la taza de café, la mía y la suya. Agarré la mesa y la destrocé en el suelo a patadas y pisotones. Cogí una de las patas y la reventé contra el marco de la puerta de la cafetería. La gente siguió tomando su refrigerio sin inmutarse del espectáculo, como tampoco lo hizo la chica frente a mí que siguió cómodamente sentada en la butaca.

- No te lo tomes así. Eres buena persona, por eso no es mi intención herirte.

“Por Diox, cállate”, pensé. El ridículo que implicaban esas palabras pronunciadas por una boca que antes había besado despertaba una ira inconcebible en mi interior. Mis entrañas ardían, mis puños se crispaban y solo pensaba en destrozar, arrasar, machacar. Pensé en cómo me habría gustado tener a mano un mandoble y liarme a golpes y tajos con todo el mobiliario del local. Y tal vez algún cliente, eso ya se vería en el frenesí berzerker en el que quería imbuirme.

“¿Y ahora, qué?”, barruntaba por enésima vez también. Abandoné la cafetería, abandoné a la chica, abandoné mi ira y mi odio y me encaminé a la calle con la cabeza sumida en una honda reflexión. Estaba harto, eso era lo único claro. Harto de ser el “buen chico” al que no hay que hacerle daño. A lo mejor no tendría que ser así, a lo mejor ser el “buen chico” no es el camino correcto. A lo mejor la solución es ser un cabrón, un insensible, una persona fría y frívola que no se preocupe más que lo justo por la otra persona. Tal vez sea ese el secreto, porque ser el “buen chico” no es justo para mí. No es justo, porque cuando se me dice “eres un buen chico y no quiero hacerte daño” me duele más que si me mandan a la mierda.

Porque si me mandan a la mierda, al menos puedo cagarme en la puta madre de quien sea sin remordimientos.

Todo esto me hace reflexionar en el camino que tomé hace unos años, en si la felicidad de la que presumo abarca tanto como creo o por el contrario está limitada por unas vallas que se levantaron sin yo saberlo. Ahora creo que es así, en honor a la verdad. La vida me sonríe, cierto, pero ahora veo los muros y no estoy dispuesto a dejar que existan. Soy el "buen chico", no me cabe duda. Y eso es un muro, o parte de él al menos. Y yo no era así cuando empezó el cambio radical que me convirtió en la persona que me enorgullece ser. No me malinterpretéis, no creo que fuera una mala persona. Es simplemente que no trataba de agradar a todo el mundo de primeras, sino que estrechaba mucho el círculo de personas a las que quería ver reír. Tal vez esa sea mi solución, dejar de ser el eterno tipo simpático que va riendo a todas partes para volver a ser el amigo de sus amigos, que cuida de que los que estén bien sean los que realmente merecen la pena para sí mismo, no un desconocido que acaba de llegar a su vida. Demostrar, demostrar que esa persona es merecedora de mi confianza y mis esfuerzos para evitar golpes y que aflore esa ira berzerker que se apoderó del "buen chico".

¿Es ese el camino correcto? Tal vez. Ahora mismo, creo que sí. Pero dentro de ese camino hay algo más profundo, no es solo una regresión a tiempos anteriores. Hay algo más.

Todo aquel que me conoce un poco más de lo meramente superficial sabe que si un triskel cuelga de mi cuello no es por pura estética. Hay una filosofía detrás, un modo de ver y comprender la vida y al ser humano. Lo que esto simboliza se representa ahora como una batalla entre las tres ramas del símbolo. Una se deja llevar por el viento, aceptando lo que llegue sin preocuparse de más. Las otras dos llevan el conflicto principal, atormentando a la primera con sus disputas.

¿Quién vencerá?

La razón, espero. Es el camino que me ha traído hasta aquí.

martes, 21 de agosto de 2012

El silencio


Salgo a la noche. En mi casa, nadie. En la calle, desierto. Bajo los peldaños, uno, dos, tres... una extraña sensación se apodera de mí, y un raro pensamiento me hace detenerme en el quinto escalón. Miro a un lado, al otro, al frente, hacia atrás. No sé qué es, pero de repente tengo que pararme. Cierro los ojos, respiro hondo y lo comprendo todo. Me habla, por fin. Y yo que pensé que se había ido para siempre, pero es que mi musa siempre estuvo ahí, y tan solo me hacía falta hacerme uno con el silencio para poder escucharla.

Medio minuto en el silencio, y me dio una idea.

Un minuto, y me abrió los ojos a algo más grande.

Dos minutos, y supe que tenía mi objetivo, el valor y el coraje para conseguirlo.

Ya sé lo que quiero. Ya sé que no voy a poder rendirme. Ya sé que es tan solo un leve sueño, pero es un sueño al fin y al cabo, uno que llevo tiempo persiguiendo sin saberlo y que haré cuanto esté en mi mano para hacerlo real.

Esta noche, a esta hora, mi musa me ha cogido las manos y ha escrito estas líneas. Después de tanto tiempo, el silencio la ha traído a mí, a mi lado, conmigo, de donde nunca se fue.

Y volveré a escuchar al silencio, portavoz de mi inspiración.

Ven, mi dama, mi hermosa dama. Aún no lo sabes, pero yo soy él. El que cogerá tu mano, besará tu alma, acariciará tu piel, arropará tus sueños. Me perderé en tu pelo y me caeré en tu regazo. Ven, mi dama, y yo acercaré el paraíso un poco más.

jueves, 26 de julio de 2012

Despiertas



Despiertas
Es verano
Tu mano se une a mi mano
Con un gesto cercano
Un roce casual, mundano
Algo habitual e inhumano


Es verano
Nuestros cuerpos se tocan, comparten el calor.
De nuestras bocas brota un licor,
Un brebaje de fuerte sabor
ardiente, que nos ha envenenado,
y ahora estamos hechizados

Encantados
Pura magia
Que brota con rabia
De cada palabra.
No es mi labia,
Es magia
Conjuros de fuego
Como el ardor de tu cabello
Has sido mi musa
En este momento eterno

Y despiertas
Y es verano
Y es magia
Y estoy a tu lado

Y no soy poeta ni pretendo serlo, es solo que, una vez cada cierto tiempo, la inspiración ataca a mi cabeza antes de dormir y esa noche tengo que coger papel y bolígrafo y escribir algo. Esto no ocurría desde hace más de dos años, y no sé por qué o por quién o por lo que sea me volvió a pasar en la madrugada del 22 al 23 de julio, a eso de las 3:30. Sé que no es nada del otro mundo, que las rimas son sencillas y que la métrica me la paso por el forro. Pero así soy yo, cuando me viene esta vena éste es mi estilo. No busco palabras gradilocuentes ni rimas complicadas y elaboradas en los poquísimos poemas que he escrito, al revés. Soy un tío sencillo, quiero transmitir eso. Habrá a quien le guste más y a quien le guste menos. No busco, como dijo el polluelo al águila, el aplauso ajeno, simplemente me viene la inspiración y lo comparto con vosotros. Aunque, eso sí y como siempre, espero que os guste. Un abrazo a todos.

jueves, 19 de julio de 2012

De la envidia





Érase una vez un águila que volaba, libre y hermosa, por el cielo gris plomizo. Era un animal solitario, aunque de vez en cuando se unía a alguna bandada. Desde abajo, desde un nido en un árbol, un polluelo la vio tan majestuosa, con sus plumas pardas y grises, sus zarpas de acero, su pico aguzado. El polluelo, envidioso, abrió sus alas pequeñas, e intentó volar, pero no pudo. Lo volvió a intentar, y cayó sobre las ramitas y plumones que conformaban el suelo del nido. El águila se acercó, y preguntó interesada si podía ayudar.

- No puedo volar como tú - le dijo el polluelo, disimulando mal su envidia -, pero yo estoy mejor que tú, porque no tengo que salir de mi nido. Aquí estoy cómodo y calentito. No necesito volar.

- ¿Y no te gustaría hacerlo? Se ven muchas cosas desde allí arriba, ves mundo, abres tu mente... es algo que todos deberían probar.

- He dicho que no - replicó el polluelo -. No necesito volar, no soy tan presuntuoso como tú, que te exhibes a cada pasada y que pareces buscar solo el aplauso ajeno.

El águila grande, lejos de sentirse ofendida, lanzó una pequeña risita.

- Como quieras. Vive tu vida en tu confort, no te muevas más de lo necesario. No salgas de ahí, vive encorsetado en tus costumbres, busca tu porvenir en el nido donde estás tan cómodo y caliente. Yo saldré, volaré, buscaré otros nidos, viviré mil viajes, sentiré el viento bajo mis alas, veré criaturas extrañas, encontraré una vida tal vez no tan confortable, pero sí más emocionante. Diviértete.

Y con esas palabras, el águila volvió a extender sus alas y emprendió el vuelo. El polluelo, indignado y furioso, gritó:

- ¡No puedes irte! ¡Quiero que estés aquí, en mi nido! ¡No puedes estar en otro! Mi vida es la buena, la que hay que seguir. No puedes irte.

El águila volvió, miró al polluelo con interés y le dijo una última cosa:

- No, te equivocas. Puedo irme, y cuando quiera. Nada me ata aquí, ni puedo enseñarte cómo es mi vida. No presumo, como tú, de que sea la mejor. Pero presumo de que me hace feliz, incluso cuando estoy en situaciones incómodas. Intenta vivir eso en tu nido de comodidad calentita. Conoce a polluelos que vivan como tú, que acaten tus órdenes y que doblen sus garras y sus cuellos ante ti. Pero no cuentes con eso para mí. Yo nací para ser libre y volar a mi aire. Y por eso, puedo irme cuando quiera. Y ahora quiero, así que adiós.

Y echó a volar. El polluelo gritó, graznó, maldijo, juró, perjuró, blasfemó, rabió y se desgañitó de ira, pero no consiguió nada. Otros polluelos se acercaron por curiosidad, y él se acercó a uno de ellos y le conminó a hacer su voluntad, convenciéndole de que su vida era la mejor. Desde las alturas, el águila lo vio, y rió. Sus alas batieron el viento, libre al fin. Otras águilas se acercaron a ella, volaron un tiempo juntas y se separaron. Esa era la vida que anhelaba. Independiente, libre e inmortal.


lunes, 16 de julio de 2012

Lobo




Un sabio dijo en una ocasión que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. Es uno de los tópicos más empleados en la historia, lo sé. Y yo huyo de los tópicos siempre que puedo, pero es imposible hacerlo cuando se materializa.

Y mis nuevos e inexistentes lectores dirán “Caramba, una batallita”. Y mis nietos, igualmente inexistentes, dirán “¡Sí, yayo, cuéntanos otro cuento! ¡Preferimos el de la caída en la alberca!”. Si es que conocen el significado y concepto de “alberca”, que a este paso lo dudo. Y mis antiguos y perseverantes, a la par que atractivos, bienamados y, espero, existentes lectores, dirán “Mierda, otra vez a las andadas”. Y todos ellos habrán acertado.

Uno no se cansa de meter la pata. Bueno, realmente sí que me canso porque no mola nada, pero parece ser que meter la pata no se cansa de mí, y eso mola menos aún. Una vez más, el profesional en metepatosidad que os escribe lo consiguió hace poco. Por no saber lo que tenía. Por no haber sabido corresponder lo que estaba en mis manos, sin quererlo huí de su corazón.

Y aquí, meto el giro argumental inesperado.

¿He perdido?

Yo diría que no. ¿Por qué? Porque hoy, hoy me río de todo. Hoy, por sorpresa, solo traigo a mi memoria buenos recuerdos, buenos momentos, y sonrío por todo. He dejado escapar un pequeño sueño, sí, pero no lo lamento. Adiós. Sé feliz y disfruta de tu vida. No lo harás tanto como conmigo, eso siempre lo tendré presente. Y a lo mejor es mentira, pero quiero y voy a pensar que no. Que la vida a mi lado es maravillosa, que nadie va a gozar tanto de su existencia como quien está conmigo. ¿Soy idiota? Pues sí, seguro. Y además no poco, que me conozco. Pero pocos pueden decir que son completamente felices. Y yo, con mi idiotez (o semi-idiotez, que tampoco es cosa de ponerse a parir tan gratuitamente, oye…), puedo asegurarlo. Yo soy feliz, sin duda.

Y ahora, más que nunca.

Y ahora, vuelvo a soñar.

Y ahora, me siento más vivo.

Y ahora, soy mucho más fuerte.

Y ahora, vuelvo a ser el lobo, el lobo inmortal, inmune, indomable, invencible.

Y ahora, desaparezco. He de perderme en un fuego carmesí de ojos pardos.

miércoles, 13 de junio de 2012

Reinserción

Bueno... poco a poco, voy preparando mi reentrada en el mundo de Internet. No sé por qué, la verdad. Pero este mundo me llama. Me es imposible desvincularme de Internet eternamente, así que regreso, como los turrones en Navidad, solo que en verano.

No sé cuánto me durará la aventura, no he sido jamás un tío constante para esto de los blogs y no creo que empiece a serlo ahora. Pero quién sabe, poseo una capacidad innata para sorprender. A veces, hasta me sorprendo a mí mismo. Con eso lo digo todo.

¿Que de qué hablaré en el blog? Tampoco lo sé. Ya me sorprenderé. Sí que tengo pensadas ya algunas cosas que irán saliendo poco a poco. A medida que vaya pudiendo, y a medida que me permita mi curro (sí, ¡ahora Alberto v2.0 currante!).

De momento, aquí estoy de vuelta. Pocos me leerán, como es costumbre. No me importa. Con una sola persona que lo haga por placer, sin coacción ni escopetas en la cara (bueno, en la nuca. Leer con una escopeta en la cara debe ser complicado), será suficiente. La verdad es que, como siempre, en este blog pondré lo que me salga de dentro en el momento que me ponga ante el cursor que parpadea. Lo mismo salen posts sin sentido alguno como salen profundas divagaciones sobre el ser humano y su absurda presencia en este planeta (y si cuela, cuela...).

No sé.

Simplemente, intentaré escribir cosas, poner en paz mi mente y verter la poca creatividad que queda en mi mente extraña y obtusa en la Red de Redes.

No sé cómo, ni sé
con qué pretexto

Pero algo saldrá de aquí. Bueno o no, pero algo saldrá.

Un abrazo a todos, y hasta pronto.