martes, 16 de agosto de 2016

Long walk home

– No es difícil. Sácame. Y déjate sacar. De casa, de la ciudad, del país... salir, al fin y al cabo. Tengo muy despierto el "Gen V"...

– ¿El qué?

– El "Gen V", el gen viajero. Es como llamo a las ganas locas de viajar. Quiero viajar. Viajar mucho. Conocer ciudades, culturas y paisajes. Cuídame, yo te trataré como mi mayor tesoro y procuraré que no te pase nada. Soy cabezón, cuidado, pero tengo una kriptonita: abrázame. Me enfado, me ofusco, me encierro y no hablo, pero abrázame y me derrotas. No es complicado, como ves. Perdóname si me equivoco, no habrá una sola vez que pidas disculpas y no las acepte. Enséñame. Enséñame de todo. Muéstrame tu mundo, ábrete a mí, cuéntame tus pasiones y tus sueños y me dejaré la piel por hacerlos realidad. Ponme tu música, tus películas, tus series... te tocará escuchar algo de heavy metal, es inevitable. Y sabrás quiénes son Hetfield, Trujillo, Hammett y Ulrich. Alimenta mi cerebro con tu cultura. Yo te enseñaré lo que sé y te abriré las puertas a mi universo en todo su esplendor. Cree en mí, sé libre y vuela a tu antojo, no voy a cortarte las alas: eres un ser independiente y tienes tu vida. Vívela, y deja que yo viva la mía. No te preocupes, no nos vamos a perder en el camino porque siempre estaré para cuando lo necesites, sin excusas. Respeta mi soledad, no soy un hombre al que le guste rodearse de mil personas. Soy como un lobo: voy a lo mío y de vez en cuando me junto con mi manada. Si sacas las uñas que sea solo para arañarme la espalda. Si quieres controlar algo que sean los ritmos de la cama. Confía en mí: estoy a tu lado, no al de nadie más. Vayamos juntos, uno al lado del otro. Si flaqueas, te apoyaré en mis hombros. Si te caes, te levantaré. Háblame, háblame mucho, adoro escuchar y me perderé en tu voz. Me oirás cantar. En casa, por la calle o en un karaoke. Me privan los karaokes. Hazme parte de tu universo, sácame del mío y salgamos de nuestras zonas de confort de vez en cuando. Vamos a tomar café y cerveza, pizza y hamburguesas, de restaurante o en casa. Viajaremos, mucho, pero también estaremos en casa algún sábado por el puro placer de quedarnos juntos a lo nuestro. Pícame, desafíame. Me voy a superar constantemente. Es tópico, pero el "no hay huevos" funciona. Tendrás las llaves de mi casa. Tú serás mi casa, en ningún lado como al tuyo. Parece complicado, pero es tan sencillo como eso: pase lo que pase, llueve, nieve o truene, lo que siempre querré será volver a casa.

jueves, 3 de julio de 2014

Ícaro



Y se cayó.

Había perdido ya la cuenta de cuántas veces había tropezado. El camino era tortuoso, lleno de obstáculos desconocidos en el mundo del que venía, tan lejano y tan olvidado. Sin embargo, seguía a una figura que avanzaba por esa senda tan extraña como si fuera su propia casa, con una ligereza y naturalidad que lo tenía embobado.

Se hipnotizó, e intentó correr tras ella. Se puso a su altura en poco tiempo, pero sus pies eran torpes. Su corazón no obstante era puro fuego. Probó de sus andares, y murió en ellos. Se extinguió, y renació con una nueva personalidad, con un nuevo objetivo. Se propuso volverse inmortal en esa mujer tan irreal. Pero para ello tendría que seguir corriendo a su ritmo, porque ella era libre y volátil y no se dejaba atrapar, no quería ser atrapada. Él lo supo, y no intentó atarla con un lazo sino que apretó el paso con sus nuevos pies, aprendiendo a correr antes que a andar. Y los tropiezos se sucedieron. Cada golpe dolía más que el anterior, y con cada caída ella le tomaba más y más ventaja y se veía cada vez más y más lejos.

Y se cayó. Por enésima vez. Perdió la cuenta, perdió el aliento. La cabeza la tenía perdida ya de antes, el corazón estaba desbocado de puro fuego y magia y amor. Pero los pies no le siguieron el ritmo, esos pies nuevos que estaban hechos para volar al lado de la mujer no aguantaron la veloz carrera que llevaba ella hacia su libertad. Y él cayó y la miró desde la distancia, cómo corría, sus formas, su pelo, su aroma que aún le llegaba de cualquier parte.

Se levantó y se miró a los pies, nuevos pero rotos y ajados de tanto correr sin siquiera haber aprendido a andar con ellos. Miro al punto dorado del horizonte donde su amor se iba perdiendo, casi fundiéndose con el sol. Se abrió el bolsillo de la camisa y se miró el corazón, resquebrajado por el golpe pero aún en llamas. Se quitó el sobrero y tocó su cerebro. Parecía funcionar aún. Se quitó la camisa y se miró el cuerpo. Mil heridas surcaban su torso, mil moratones coloreaban su piel. Mil rasguños conformaban un mapa curtido a golpes, pero pese a todo aún podía moverse. Miró el camino, sus baches, sus zanjas, sus trampas, sus emboscadas, las huellas marcadas que se correspondían con las que estaban grabadas en su interior y que pertenecían a aquella misteriosa y sencilla figura. Y empezó a comprender el paisaje, a saber cómo esquivar sus obstáculos y poder pisar fuerte y rápido, a cómo volver a alcanzar el sol.


Se levantó y empezó otra vez a correr, persiguiendo aquellos andares de brillante purpurina dorada.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Is this it?



Hoy es uno de esos días en los que un extraño desasosiego me llena y la única forma de aliviarlo es escribiendo en este blog que tengo abandonado, o casi al menos.

Is this it?

Es una pregunta que ronda mucho por mi cabeza. En estos días, más que nunca. Estos días en los que las prisas, el fuego, la impaciencia y la electricidad se combinan a una velocidad tan alta que escapa absolutamente a mi control.

Is this it?

Puede ser, creo que es. No sería de extrañar, dicho sea de paso. Los días pasan y aún me recorre un escalofrío por la espalda cuando pienso en ese momento, perdido en una taberna irlandesa cerca de la Avenida de América, cuando todo sucedió. No podía imaginar aquello. La intensidad que se desbordó cuando aquella caja se abrió y derramó todo su contenido sobre mí fue abrumadora. El tiempo se había parado, ya nada importaba más que aquél momento en que el universo, los universos decidieron dejar de andar. Y desde ese momento, que duró segundos, minutos u horas, está esa pregunta en la mente...

Is this it?

viernes, 20 de septiembre de 2013

Solo un poco más de tiempo


— ¿Alguna vez has tenido esa sensación en la que todo o casi todo escapa a tu control? Esa sensación de que cualquier cosa que hagas, por grande y esplendorosa que sea, quede sumida en la más absoluta oscuridad o sea completamente irrelevante. Que tal vez sea eso, tan solo una sensación porque todos lo contemplarán con la magnitud que tú le has querido dar, pero que para ti y tu meta es algo que quedará en la sombra. Pues es en esos momentos cuando uno descubre la potencia de su alma. Es en esos momentos lúgubres, en los que la mente busca que te sientes en un rincón con las manos en la cabeza, cuando tienes que sacar tu corazón de su jaula y darle rienda suelta. Hazlo, lo que sea, e inténtalo con todo lo que hay en tu interior. Dale una paliza a tu cerebro, enséñale que no siempre tiene la razón. Dalo todo, incluso cuando creas que es un imposible. Recuerda justamente eso, que es un imposible y que lo imposible solo quiere decir que te costará un poco más de tiempo. Y recuerda otra cosa: cualquier imposible que consigas revertir será un tesoro, pero no uno cualquiera. Será el tesoro que más aprecies en tu vida, esa medalla a la que mirarás con un amor tal que no podrás desprenderte de ella en lo que te queda de existencia. Es en esos momentos en los que nada de lo que haces te parece ser importante cuando das los pasos más audaces del camino a tu meta. No te achantes, no te vengas abajo. Si deseas algo, lánzate a por ello sin miedo, sin red.


— ¿Y si me caigo?



— ¡Si te caes, te levantas! ¡No eres frágil! Eres tan frágil como estás dispuesto a admitir. Tu fuerza está en tu interior. Y sí, es justo en esos momentos cuando es más fácil pensar que te caerás, pero ¡joder, no! ¡No tiene por qué ser así! Si lo das todo, si pones todo tu corazón en la causa y no flaqueas, no caerás. Eres tan fuerte como quieras serlo. Cuando parezca que no tienes nada más que hacer, haz todo lo que tenías pensado cuando creías lo contrario. Es la única forma de invertir lo imposible y ponerlo de cara. Recuerda que esto es como una guerra, y que antes caerá el que piense que ha perdido antes de empezarla. Sin embargo, el que crea de verdad que puede ganar será seguramente el que se lleve la victoria. Por eso no puedes pensar en la derrota, sino siempre en que podrás con todo lo que te venga por delante. No lo olvides, muchacho. Nunca tendremos todo bajo control, pero lo poco que esté bajo nuestro dominio es a lo que tendrás que agarrarte y no soltarlo jamás. No te dejes caer porque lo veas negro: rompe el lienzo y píntalo de tu color, dale la forma que tú quieras que tenga. Es la única forma.

martes, 10 de septiembre de 2013

La obra maestra



¡CLANG! El martillo cae. La pesada masa de hierro que es la cabeza de la herramienta golpea con dureza el metal incandescente. Las chispas saltan por todas partes, fugaces destellos de un nuevo comienzo. El herrero se para un momento, pensativo. No sabe qué está forjando, simplemente su mente le dijo que tenía que empezar a forjar.

¡CLANG! Otra vez. Su obra está comenzando, y sabe que le llevará tiempo sacar una forma de esto, pero no debe desesperar. Poco a poco, sus golpes, dados con constancia y determinación, acabarán arrancando una figura, tal vez una espada, una armadura o un simple juguete, de la roja y ardiente informidad que tiene delante.

¡CLANG!

¡CLANG!

¡CLANG!

¡CLANG! Los golpes se aceleran, el herrero no es consciente de ello pero poco a poco la velocidad de su brazo ha aumentado y las chispas ahora vuelan cada pocos segundos. El metal al rojo va adoptando una forma, pero es extraña y obscena. Pero ya no puede parar, y al poco tiempo ya no existe. Una pieza convertida en nada, destrozada por un par de martillazos acelerados. Las pequeñas llamas han quemado sus brazos, dejando en ellas una historia escrita de frustración y fracaso. El herrero las mira, dolido, extrañado y triste. Observa lo que pudo ser su obra maestra, destruida por su impaciencia de convertirlo en algo grande. Con las pinzas, atenaza el metal amorfo y lo mete en agua helada, enfriándolo al instante. El chisporroteo se extiende por toda la fragua, el vapor lo atrapa por unos instantes y el sonido del líquido elemento evaporándose de repente inunda sus oídos, llegando hasta la base de sus pensamientos. "Una obra hundida", piensa. Con rabia, coge la fría ruina y la lanza contra la pared, donde queda un profundo boquete.

Su mirada se desplaza hacia abajo, y ve que donde ha caído su último fracaso hay una pequeña pila de obras inacabadas, arruinadas por su poca paciencia a la hora de trabajar. Su cabeza cae, sus hombros se hunden. Su mirada se pierde en un mar de lágrimas y el amargo sabor del llanto brota de su garganta. ¿Acaso no es lo que debería hacer? ¿Es todo un error? ¿Debería abandonar su sueño de crear una obra maestra, la espada más sólida, la armadura más resistente o el escudo más protector?

Empieza a andar por la fragua, sumido en sus negros pensamientos que reflejan la oscuridad que el desasosiego crea en su interior. Sus ojos se pierden en el infinito.

"¡CLANG!". Ha sonado en su cerebro. Un martillo ha caído sobre un yunque en lo profundo de su mente. El herrero lo intenta rechazar. No es el momento de crear nada, no quiere volver a coger el martillo. Derrotado, se retira a su casa. Se encierra, y durante meses no sale apenas más que para comer y mantenerse vivo. En su cabeza resuenan los ecos del último golpe. "¡CLANG!"

Hoy, el herrero se ha levantado. Su mirada es oscura, su boca esboza una mueca feroz, su ceño fruncido expresa una ira retenida, una rabia no desatada que puede explotar en cualquier momento. Se ha dirigido a su fragua, ha cogido un viejo trozo de acero y lo ha metido en el fuego. Sin alterar su expresión, extrae de entre las llamas anaranjadas una pieza carmesí de metal incandescente. La coloca sobre su viejo y gastado yunque, coge su pesado y no menos viejo martillo. Respira, respira muy hondo y deja que el aire expanda su torso, lleno de pequeñas quemaduras de sus anteriores fracasos. Una figura se ha formado en su mente, algo a lo que darle forma. Piensa, piensa e intenta relajarse y ser paciente. Levanta el martillo.

"Esta será mi obra maestra".

¡¡CLANG!!

viernes, 30 de agosto de 2013

¿Y ahora, qué?


Y ahora... ¿qué?

Sabía yo que no iba a durar. Un día alegre, un día que empezó como los mejores, poco a poco se ha ido torciendo. ¿Por qué? No lo sé, pero pasito a pasito la mierda ha ido invadiendo el tiempo y al final me ha llegado al cuello. Y solo es mediodía, cuidado...

¿Qué hago ahora? Es la pregunta que me ronda por la cabeza... Porque si bien no me encuentro en mi mejor estado psicológico, mi mente se agarra a mis ideales y sueños tan diabólicamente optimistas en estas ocasiones. Pero son clavos ardiendo. Al menos, ahora mismo lo son. Aguanto por cabezonería y orgullo, porque por mis cojones que puedo, pero a veces (cada vez con más frecuencia, me temo) me canso... Y me dan ganas de dejarlo todo, de encerrarme en mí, en mi santuario y mi mente y olvidar todo...

¿Y ahora, qué?

sábado, 24 de agosto de 2013

El muro


Está claro.

Por mucho que haya quien insista (es más, por mucho que haya quien lo crea) no soy ningún fantasma.

¿Que por qué lo sé?

Fácil.

No dejo de estrellarme contra muros. Parece un extraño hobby, pero así es. Voy de uno al otro, estrellándome cuanto más fuerte mejor, y sin atravesar ni uno. Ergo, conclusión lógica, de fantasma nada. Que si lo fuera lo atravesaría y tan campante. Pero qué va. Ahí que voy, de hostia en hostia hasta que me quede (más) tonto.

Cosas de la vida.

Y mira que hay veces que pienso "¿y si en vez de irme de cabeza contra el muro no voy dando un paseo, siguiendo su contorno, a ver si encuentro una puerta?". Pero se ve que mis antepasados gastaron toda la paciencia que quedaba en la estirpe y que prefiero el método hardcore.

Bienvenidos a mi vida, bienvenidos a mi mente. O a lo que queda de ella, que de tanta leche ya debe ser poca.