— ¿Alguna vez has tenido esa sensación en la que todo o casi todo escapa a tu control? Esa sensación de que cualquier cosa que hagas, por grande y esplendorosa que sea, quede sumida en la más absoluta oscuridad o sea completamente irrelevante. Que tal vez sea eso, tan solo una sensación porque todos lo contemplarán con la magnitud que tú le has querido dar, pero que para ti y tu meta es algo que quedará en la sombra. Pues es en esos momentos cuando uno descubre la potencia de su alma. Es en esos momentos lúgubres, en los que la mente busca que te sientes en un rincón con las manos en la cabeza, cuando tienes que sacar tu corazón de su jaula y darle rienda suelta. Hazlo, lo que sea, e inténtalo con todo lo que hay en tu interior. Dale una paliza a tu cerebro, enséñale que no siempre tiene la razón. Dalo todo, incluso cuando creas que es un imposible. Recuerda justamente eso, que es un imposible y que lo imposible solo quiere decir que te costará un poco más de tiempo. Y recuerda otra cosa: cualquier imposible que consigas revertir será un tesoro, pero no uno cualquiera. Será el tesoro que más aprecies en tu vida, esa medalla a la que mirarás con un amor tal que no podrás desprenderte de ella en lo que te queda de existencia. Es en esos momentos en los que nada de lo que haces te parece ser importante cuando das los pasos más audaces del camino a tu meta. No te achantes, no te vengas abajo. Si deseas algo, lánzate a por ello sin miedo, sin red.
— ¿Y si me caigo?
— ¡Si te caes, te levantas! ¡No eres frágil! Eres tan frágil como estás dispuesto a admitir. Tu fuerza está en tu interior. Y sí, es justo en esos momentos cuando es más fácil pensar que te caerás, pero ¡joder, no! ¡No tiene por qué ser así! Si lo das todo, si pones todo tu corazón en la causa y no flaqueas, no caerás. Eres tan fuerte como quieras serlo. Cuando parezca que no tienes nada más que hacer, haz todo lo que tenías pensado cuando creías lo contrario. Es la única forma de invertir lo imposible y ponerlo de cara. Recuerda que esto es como una guerra, y que antes caerá el que piense que ha perdido antes de empezarla. Sin embargo, el que crea de verdad que puede ganar será seguramente el que se lleve la victoria. Por eso no puedes pensar en la derrota, sino siempre en que podrás con todo lo que te venga por delante. No lo olvides, muchacho. Nunca tendremos todo bajo control, pero lo poco que esté bajo nuestro dominio es a lo que tendrás que agarrarte y no soltarlo jamás. No te dejes caer porque lo veas negro: rompe el lienzo y píntalo de tu color, dale la forma que tú quieras que tenga. Es la única forma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario