sábado, 24 de agosto de 2013

El muro


Está claro.

Por mucho que haya quien insista (es más, por mucho que haya quien lo crea) no soy ningún fantasma.

¿Que por qué lo sé?

Fácil.

No dejo de estrellarme contra muros. Parece un extraño hobby, pero así es. Voy de uno al otro, estrellándome cuanto más fuerte mejor, y sin atravesar ni uno. Ergo, conclusión lógica, de fantasma nada. Que si lo fuera lo atravesaría y tan campante. Pero qué va. Ahí que voy, de hostia en hostia hasta que me quede (más) tonto.

Cosas de la vida.

Y mira que hay veces que pienso "¿y si en vez de irme de cabeza contra el muro no voy dando un paseo, siguiendo su contorno, a ver si encuentro una puerta?". Pero se ve que mis antepasados gastaron toda la paciencia que quedaba en la estirpe y que prefiero el método hardcore.

Bienvenidos a mi vida, bienvenidos a mi mente. O a lo que queda de ella, que de tanta leche ya debe ser poca.

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