Es gracioso mirar al pasado. Ves tus errores y tus aciertos y te ríes sanamente de las veces que haces el ridículo.
Qué bien ha empezado la entrada, ha sido algo casi filosófico. Qué lástima que hoy no tenga ganas de hablar de cosas así, porque casi saldría algo bueno. Digo casi, ¿eh? Que me quiero, pero tanto, tanto, no.
El caso es que quiero hablar de cosas. Y quiero no hablar de nada. Es como en los viejos tiempos, en los que soltaba mis parrafadas sin sentido y me quedaba más a gusto que en brazos.
¿Y por qué no?
Pues vuelvo, que me divierte.
Hoy no os cuento nada, solo que me apetece reír y que os riáis. No soy el mejor humorista del mundo ni lo pretendo, pero lo mismo una sonrisa os saco.
Ni idea de por qué, eso es cosa vuestra.
Tampoco importa demasiado, para cuatro gatos que deben leerme... Si es que llega, de personas ni hablamos.
¿Sabrán los gatos usar internet?
Si saben hacerlo, debería quitar la imagen del lobo que tengo más abajo. Lo mismo les asusta. Aunque no sé si un gato sabrá lo que es un lobo. O un ordenador. O yo. O un frigorífico. Bueno, un frigorífico tal vez sí porque de ahí pueden ver de vez en cuando que sale comida. Aunque para eso nos tienen también a los humanos. ¿Pensarán los gatos que somos neveras andantes?
Siempre me he preguntado si una nevera por detrás es tan fea como dicen. Y entonces vi una, y sí. Es fea. Pero pobrecita, no la insultemos más que lo mismo coge complejo. Que no tiene la culpa. Metámonos con los Twingo que sí que son un insulto a toda naturaleza. Pero solo con los Twingo, y en voz bajita que luego vienen los Clio y nos revientan.
Madre mía, a lo tonto llevo escrito un cacho bueno. Y sin decir nada coherente. Es una regresión absoluta, qué bien. O qué mal, lo mismo me estoy volviendo más idiota y no me estoy dando cuenta. O peor aún, SÍ me estoy dando cuenta y el problema es que me gusta.
Bah.
Y lo bien que me lo paso...
A veces me pregunto por qué tengo la cabeza tan mal. No me he dado golpes. No muchos, al menos. Pero sí fuertes. A lo mejor tiene algo que ver. O no, porque los golpes me los curaba mi mamá. Y mi papá, que es médico.
Hablo de cosas. Pero no hablo de ninguna. Así son mis conversaciones, se sabe dónde empiezo pero nunca donde acabo. Pero siempre, parafraseando a ese filósofo de la vida, "con erótico resultado".
Soy un desastre. Algún día pondré en orden mi cerebro. Será un día triste. Pero igual hasta mejoro y me convierto en alguien de provecho.
Cacafuti.

Qué entrada tan simpática xD
ResponderEliminarA veces viene bien ordenar un poco el cerebro, pero si lo haces no será triste porque lo pondrás patas arriba a medida que avances ^^